Komorebi: “Luz de sol que se filtra a través del follaje”

Komorebi. Bajo este concepto japonés es que surge el título de este cortometraje de Gustavo Salazar.  Es un término muy poético. Recae mucha responsabilidad en que un film se llame así (o cualquier otra cosa). Las imágenes tienen que estar acorde con la poesía de su definición. De una vez lo comentamos: Komorebi es un cortometraje contemplativo. No esperen encontrar una historia, en el clásico concepto de lo que se conoce como historia.

Muchos escritores, artistas y directores han subrayado el hecho de que no importa lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Komorebi es una sucesión de escenas entrelazadas que giran en torno a tres momentos. La sinopsis oficial de Komorebi dice así:

 

A través de la luz que se filtra en el follaje, tres momentos ocurren paralelamente: un hombre que nace de la tierra emprende una búsqueda, un actor atrapado en un escenario tratando de escapar y un hombre y una mujer predestinados a estar juntos.

 

Sobre eso no hay mucho que agregar en cuanto a la historia, como mencioné anteriormente. Sin embargo, mientras observas el film descubres que cada escena intenta transmitirte algo que yo diría que es una emoción. Una emoción compleja porque cada imagen está concebida delicadamente para entrar de forma directa a tu ser, tu alma, espíritu o como quieras llamarle a eso que está más allá de la razón y nuestro cuerpo mortal. Aquello que hace que se produzcan lágrimas y alegría y dolor; como cuando ves un atardecer y comprendes la inmensidad que existe en esta anormalidad que es la vida y que habita dentro de ti; así son cada una de estas imágenes.

Cartel de cortometraje Komorebi
Cartel oficial de Komorebi realizado por Andrés Volcán

Si soy sincero, yo no sé de qué va Komorebi, pero tampoco quiero saberlo. Creo (y es una suposición mía) que va de nada. Cada quien es responsable de darle un sentido o de sentirse identificado con alguna de las escenas: sentir la desesperación del actor en carne propia; sentir lo irremediable del amor; sentir que ese hombre que sale del fango eres tú durante una expiación o una redención en un momento de tu vida. Eso significan para mí, pero no son significados universales. Los significados universales no existen y por eso el arte es tan equívoco, tan múltiple y tan bello

A veces pienso que son tres sueños que marcaron a Gustavo en muchas partes de su vida. Para terminar, me gustaría comentar que tuve la suerte de que él incluyera un fragmento de un poema mío en esta obra. En un mundo que exige que todo vaya muy rápido, yo te invito a detenerte y tomarte tu tiempo para verlo. Vean Komorebi o, mejor dicho, siéntanlo.

Benjamín Torres