Esta crítica originalmente la iba a realizar mi amigo Gustavo, colaborador de este humilde medio y quizás la persona que conozco que más sabe de cine. Sin embargo, el destino es caprichoso y tuve que ser yo quien hablara de Nuestra Tierra, la última película y documental de Lucrecia Martel

Lo escribo con una pena porque el documental le hubiese gustado mucho. No digo que ya no tendrá oportunidad de verlo, pero es que ya la sacaron de salas de cine en la ciudad. Aquí en Guadalajara solo duró semana y media. Pensándolo bien, son los días en promedio que dura un documental en esta ciudad. Ni teniendo a Lucrecia Martel como directora pudo sobrevivir más tiempo, qué les espera a los demás mortales. Pero voy a explicar por qué le hubiera gustado a Gustavo, porque se me hace la forma más fácil de explicar por qué me gustó a mí. A través de lo que pienso que le hubiese gustado, explicó lo que me gustó. De esta forma esta crítica es cómo si él la hubiese escrito y así quedar en paz con el destino.

En primer lugar hay un proceso judicial y hay un juicio. El caso: Javier Chocobar, miembro de la comunidad indígena Chuschagasta, fue asesinado en 2009 durante un pleito derivado de un intento de desplazamiento por parte de representantes de una minera, en Tucumán, Argentina. Los agresores fueron sentados frente a la justicia argentina después de muchos años de que ocurrió el hecho gracias a la insistencia de muchas personas de la comunidad. El juicio se hace público y es ahí donde entra la cámara de Lucrecia Martel.

El juicio de Tyrion en Game of Thrones o el juicio de Saul Goodman cuando se enfrenta a su hermano Chuck son referencias obligadas en el catálogo gustaviano. El juicio en Nuestra Tierra es solo una piedra angular. A partir de ahí llegan las ramificaciones del conflicto.

Por eso es que en la estructura de Nuestra Tierra, el juicio es el ancla donde se desprenden los otros territorios -por llamarlos de alguna manera- que inquietan la mente de Lucrecia Martel. De ahí vendrá la explicación del asesinato, los testimonios de los involucradas/os, la remembranza de las familias a través de los archivos fotográficos, y la reconstrucción del pasado de los Chuschagasta y su territorio. Se van alternando, van formando un sentido. 

Por momentos la película se vuelve sensorial y fragmentaria, en otros una representación gauchesca. De este ambiente rural (del que Gustavo es uno de sus principales fans) surge una poética. Las personas de la comunidad Chuschagasta comparten reflexiones profundas, serias, que te golpean el estómago y te abren los ojos como el aguardiente, emparentadas con la mística de Del olvido al no me acuerdo, de Juan Carlos Rulfo, y que la literatura latinoamericana del siglo pasado bien nos ha enseñado. 

Pero lo que quizás yo valoro más, son las intenciones de Lucrecia Martel. Entre catorce y quince años tardó en concluir Nuestra Tierra. Hay una intención de por qué elegir ese caso y ese tema. Me hubiese gustado preguntárselo, pero es que también es muy explícito. Lo dicen escuetamente ahí en el juicio y es un fantasma que ronda todo el documental.

Personas en una conferencia sentadas en sillas viendo pantalla
Crédito: Iffr

Nuestra Tierra, como el título lo indica, manifiesta un derecho: la tierra nos pertenece. Esa tierra en Tucumán la habitan comunidades indígenas desde hace muchas generaciones. Abarca un pasado donde el Estado de derecho argentino todavía ni se establecía, pero que cuando se estableció, les excluyó. En esta superposición, donde la Historia parece haber escindido Argentina, descansa Nuestra Tierra. Los integrantes de la comunidad Chuschagasta son argentinos. Argentina también es esto, también está aquí, parece decir Lucrecia Martel, y todo eso que les hacemos a ellos/as nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. La memoria histórica de la Argentina, de la que forman parte las comunidades indígenas, ha sido aplastada y está siendo aplastada. 

Tatiana Fuentes Sadowski al hablar de La memoria de las mariposas, su documental que reconstruye la historia de Omarino y Aredomi y evidencia el brutal genocidio de los indígenas en Perú durante la época del caucho, mencionó que es la memoria de los pueblos indígenas la que su película apuesta a regenerar . La intención de Lucrecia Martel es la misma. Nuestra Tierra es el testimonio.

Ficha técnica de Nuestra Tierra

Título: Nuestra tierra
Año: 2025
País: Argentina
Duración: 122 minutos
Género: Documental
Idioma: Español

Dirección: Lucrecia Martel

Guion: Lucrecia Martel, María Alché

Fotografía: Ernesto de Carvalho, Federico Lastra

Montaje: Jerónimo Pérez Rioja, Miguel Schverdfinger

Música: Alfonso Olguín

Diseño de sonido: Guido Berenblum, Manuel De Andrés