Un paisaje arrasado por el fuego. Un caballo hinchado se descompone en el prado. El territorio cubierto de cenizas y el silencio de la brasa a punto de extinguirse. Rose, en medio de aquella tierra devorada por la guerra. Un hombre con piel de oso contrasta con el escenario. La narradora nos presenta a Rose (Sandra Hüller), una mujer que viste pantalones y se hace pasar por un soldado que combatió en la Guerra de los Treinta Años. Llega a una comunidad alemana reclamando un título de propiedad que supuestamente heredó. Los habitantes aceptan que Rose viva y trabaje las tierras “heredadas”, aunque desconfían de aquel rostro extraño y deforme; jamás de su sexo.

Después de Michael (2011) y Angelo (2018), llega el tercer largometraje de Markus Schleinzer, quien cuenta con una larga trayectoria como director de casting, en la que destaca su trabajo con Michael Haneke en The White Ribbon (2009). Cada plano de Rose se dedica a explorar el tiempo. Su ritmo tranquilo hace que el espectador se vaya introduciendo poco a poco en el universo del siglo XVII. 

La narradora (Marisa Growaldt) nos acompaña durante toda la película con una voz cálida, como quien cuenta una historia folclórica de Alemania, y sigue a Rose en su lucha por convertirse en un “buen ciudadano”. Poco a poco se adapta a la comunidad y se gana la confianza de los habitantes: paga lo justo por trabajar la tierra, salva a un hombre del ataque de un oso, vuelve fértiles los campos y acude al sagrado sacramento del matrimonio. 

Rose recorre así la línea moral de aquel lugar y, con cada prueba superada, los habitantes no tienen más remedio que aceptar que el soldado se ajusta a las leyes y los valores que tanto dicen profesar. ¿Será que esperan un pequeño desliz, un rumor que les dé la mínima justificación para juzgar a un extranjero? El ritmo resulta tan inmersivo que no hace falta más tensión que la de las imágenes crudas que ofrece el contraste del blanco y negro, con un grano que revienta en pantalla. De ahí nace la textura, acompañada de un diseño sonoro rico y sobrio; los ambientes nos invitan a habitar la misma tierra en la que transcurre la historia.

Mujer con una pistola apuntando en el bosque
Fotograma de "Rose". Crédito: ©Schubert, ROW Pictures, Walker+Worm Film, Gerald Kerkletz

Llegan los primeros planos y resulta poderoso ver el rostro marchito y cicatrizado de Rose. Al inicio hay tanta extrañeza y una expectativa trágica, con claroscuros en los que los personajes habitan la noche con una vela que apenas revela parte de sus cuerpos, mientras estos empiezan a fundirse en la oscuridad. Y es que uno se pregunta si en realidad todos esconden algo, si buscan su propio beneficio y si ese sistema “comunitario”, regido por leyes religiosas, no será una mentira. 

Markus Schleinzer toma lo mejor de Haneke en el desarrollo de esta historia: el manejo del tiempo y del espacio, la perspectiva reducida que genera incertidumbre y la participación del espectador. Pero la película también parece descolocarse en un punto y nos traslada a una perspectiva que remite mucho a Carl Theodor Dreyer: la calidez del sonido desaparece para convertirse en vacío, los elementos del diseño de producción se reducen hasta volverse muros arrasados por el tiempo, el paisaje ya no está y los rostros de los personajes se transforman en paisajes.

Dos mujeres platicando en una cabaña frame de Rose
Crédito: ©Schubert, ROW Pictures, Walker+Worm Film, Gerald Kerkletz.

En ese terreno, Hüller invoca deliberadamente a Maria Falconetti en La pasión de Juana de Arco (1928), otra mujer juzgada por su apariencia, con el rostro como único territorio. Llega entonces el terrible momento en que solo nos queda una triste justicia: ¿quién escribe la historia si no son los ganadores? Rose tiene que escribir la suya para hacer justicia a los relatos terribles y descorazonadores de las mujeres que quisieron gozar de los privilegios en los que el hombre se regodea. 

Un par de prendas no bastan ante el sistema, tampoco deformar el cuerpo, ni siquiera vivir bajo sus reglas y hacer lo moralmente correcto. Aquellos disfraces en los que una multitud corre entre risas pueden revelar el placer, el gozo que los habitantes de la aldea desean vivir; un hombre en la piel de un depredador es un hombre desnudo. Todos somos extraños ante el candil en la oscuridad. 

Ficha técnica de Rose

Año: 2026

Países: Austria y Alemania

Género: Drama

Duración: 94 minutos

Idioma original: Alemán

Dirección: Markus Schleinzer

Guion: Markus Schleinzer y Alexander Brom

Fotografía: Gerald Kerkletz

Reparto principal: Sandra Hüller, Caro Braun, Godehard Giese y Robert Gwisdek

Reconocimientos: Sandra Hüller ganó el Oso de Plata a la Mejor Interpretación Protagonista en la Berlinale 2026.