Hierbas para la tristeza se presenta los próximos viernes 27 y sábado 28 de febrero en el Teatro Alarife Martín Casillas. Boletos en taquilla y en voyalteatro.com

Hierbas para la tristeza es una obra mexicana de danza-teatro del Laboratorio de movimiento y percepción Trenzas Deshojadas, dirigida por Katia Romero Carrillo, que se ha posicionado en el panorama escénico contemporáneo de Jalisco y que en enero pasado destacó en la séptima edición de los Premios del Público a las Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara al obtener tres reconocimientos: Mejor Espectáculo Dancístico, Mejor Coreografía y Mejor Diseño de Escenografía, además de una nominación a Mejor Diseño de Iluminación por el trabajo de Noemí Saavedra. La atmósfera sonora es interpretada en vivo por Paul Campo, que fusiona instrumentos prehispánicos y contemporáneos, y se integra con la participación poética de Marina Ruiz y Rosa Salazar.

Comentario de Hierbas para la tristeza, por Yaheli Hernández

“Son tiempos turbulentos los que vivimos”, pienso al empezar a escribir y al mismo tiempo me da una risa amarga. “No importa el día, la hora ni la época en que leas esto”. Yo perdí la calma hace tanto que ya ni me acuerdo de cuando la tuve. Hay pequeños ratos en que me observo y miro a mi alrededor, a mis gatos, a mi familia, a mis amigues y me repito a mí misma que todo está bien. Al menos, ahora. El ahora es lo que hay, es lo que tengo, es lo único que podemos poseer. 

Pienso mucho en que la danza tiene este carácter de regresarnos al presente, porque rara vez estamos plenamente en él. Ocurre una vez, con un público específico, en unas circunstancias específicas. Ninguna función es idéntica a la otra. El pasado viernes 20 de febrero, en compañía del equipo de DESNOS EDITORIAL, asistimos a la función de Hierbas para la tristeza, una apuesta dancística del Laboratorio de movimiento y percepción Trenzas Deshojadas, presentada en el Teatro Alarife, en Guadalajara. Una obra que ya cosecha varios reconocimientos en el ámbito escénico. 

En voz de una de sus bailarinas, “[Hierbas para la tristeza] es una metáfora y un acto ritual”. Y en palabras de quien firma este texto, es también un eco del pasado que resuena hasta el presente. Es una pieza sostenida por los métodos curativos basados en plantas que siempre han estado ahí, creciendo y reptando junto a nosotras, aunque quizá nunca hayamos volteado a verlas, que se vierten en movimiento, en pasajes coreográficos que ahora, en el presente, vivimos. En un ritual. 

Un ritual que conjura las tristezas. Durante la función, viví momentos en que todo parecía oscuridad: los movimientos desesperados de las bailarinas, su ansiedad haciéndolas correr por el escenario, su respiración agitada y sincrónica. Pero luego brillaba una luz, a veces una linterna que, en conjunto, iluminaba el círculo que todas compartían; a veces una música, a veces un poema. 

Entrelazadas, la desesperación y el florecimiento. La revelación un tanto oculta de las bailarinas, sujetando enormes bolas amorfas de tela transparente que ocultaban sus rostros y su figura, pero que dejaban salir sus emociones. Emociones que son experiencias compartidas por todas. Y al igual que una planta, una trenza y una hierba, después de la revelación, acontece el florecimiento. Florecemos entre cosas buenas y no tan buenas, florecemos a pesar de todo y en compañía de nosotras. 

Crédito: Benjamín Torres