Sonoma (de soma, cuerpo, y sonum, sonido) es una pieza de Marcos Morau con la compañía La Veronal que se vive como un ritual: un grupo de bailarinas empuja la escena con un pulso físico y sonoro constante, en un territorio donde lo religioso se mezcla con lo terrenal y la frontera entre lo sagrado y lo profano se vuelve borrosa. La obra mira de frente cómo ciertas tradiciones y símbolos han marcado nuestra historia, con especial incidencia sobre las mujeres; por eso el elenco es exclusivamente femenino.

Sin contar una historia lineal, construye imágenes de fuerte impacto: objetos y atrezo con múltiples lecturas (cabezudos, cajones rodantes como ataúdes o cajas de Pandora, un techo que oprime), momentos de voz o canto, y una atmósfera inicialmente oscura y doliente que va abriéndose hacia un final más luminoso. Entre simetrías precisas, gestos populares asimilados con fuerza y un estallido rítmico que se siente como rebelión, Sonoma convierte el cuerpo en instrumento, golpe, plegaria y resistencia.

Comentario de Sonoma, por Benjamín Torres

No soy experto en danza. He visto algunas piezas a lo largo de mi vida. Sonoma, de la compañía La Veronal, aterrizó en la ciudad. Su marketing incluía influencia de Luis Buñuel; del surrealismo. Si bien es cierto que mucha puesta en escena parecieran alucinaciones, lo cierto es que la riqueza de Sonoma va más allá de estos supuestos guiños.

Folclor francés, folclor español, amish, derviches danzantes, son algunos de los elementos visuales y dancísticos que poblan Sonoma. Eso lo supe después que vi la obra. Elementos que sirven para darle la forma a Sonoma, pero el estilo se forma más allá de esto. Marcos Morau, al parecer, ya se ha aventurado en otras danzas folclóricas. Como cualquier artista, toma varias referencias para crear una obra. Así es el proceso de cualquier arte.

Sonoma es un ritual. Un grupo de mujeres -solo mujeres en toda la obra- nos muestran su estado de ánimo a través del movimiento. Va desde el lamento, la pena y el éxtasis. Varios estadios son los que se presentan. Eso se suma a lo sobrio del escenario (con varios elementos simbólicos que aparecen de vez en cuando) y la iluminación; también el color de sus vestuarios se acercan más al recogimiento que a la alegría. Sin embargo siguen bailando. Como con dolor, pero también como con éxtasis.

Para mí, Sonoma es el largo proceso de liberación de un grupo de mujeres. El baile es el ritual por el cual deben pasar. Y como el baile utiliza sus cuerpos para representar lo que viven en su espíritu, Sonoma es energía, trance y delirio.

Crédito: Benjamín Torres