CRÍTICA SIN SPOILER

Entré a ver Sirāt: trance en el desierto a la sala de cine justo cuando iba comenzando. Recorría el pasillo oscuro que está antes de subir las escaleras mientras las paredes vibraban. Si no hubiera visto la pantalla hubiera pensado que estaba en un salón de música underground con un dj al fondo con el sonido reventando en la mejor parte de la fiesta. La apuesta de Óliver Laxe, quien tiene unas interesantes consideraciones sobre el cine, fue que el/la espectador/a tuviera esta experiencia inmersiva que es Sirāt.

El sonido y la música son fundamentales, incluso por momentos son más importantes que la imagen. Así pues, el tecno oscuro del increíble Kangding Ray nos abre paso primero y luego nos marca el camino. Es el desierto de Marruecos el escenario donde suena esta música como el inicio de un ritual; una rave da la bienvenida a este trance. Y el resto será locura.

Hay una ruta arriesgada que muy pocos creadores/as eligen para su historia y sus personajes y yo agradezco que Óliver Laxe sea de esos valientes que no les importa hacer concesiones. Sirāt está concebida como está concebida y se debe de llevar a acabo así. Porque cuando un director/a te deja en claro -después de algunas escenas- de que ya todo es posible, el cine se vuelve más potente. Por esto mismo es que muchos odian Sirāt.

Estamos acostumbrados, al menos el público occidental, a los arquetipos que se repiten una y otra vez en el cine, en las mismas estructuras que se eligen de antemano, que lo único diferente en una película es la forma en que te cuentan una historia que ya intuyes cómo terminará. Pero en Sirāt solo hay angustia porque ya no queda nada a que aferrarse. Y la mágica pero por momentos tenebrosa música de Kanngding Ray no desaparece sino que acentúa la incertidumbre en donde todos/as estamos inmersos/as.

Cuatro personas adultadas en el desierto sentadas
Frame de Sirāt. Crédito: Zima Entertainment

Vi a muchas personas, no miento, angustiarse y taparse los ojos como si estuvieran viendo un documental. Porque cuando estamos en un trance, ya sea causado por una gran impresión o por sustancias psicoactivas, la realidad pierde su sentido. Y la sensación de irrealidad que emite Sirāt llega hasta la última fila de la sala de cine, y hasta te preguntas si estás viendo una película o estás soñando una película. 

Cuenta Óliver Laxe que Paul Thomas Anderson estaba viendo Sirāt en su televisión cuando se dio cuenta de que tenía que verla tal como se concibió: en una sala de cine, y fue a verla a una. Lo que quiere Óliver Laxe es arrastrarte en el trance del desierto, y la película es la sustancia psicoactiva. Pero Sirāt no hubiera logrado tal efecto solo con su complejo sonido o la música de Kandding Ray.

Sirat 4
Frame de Sirāt. Crédito: Zima Entertainment

En el cine necesitas una buena historia. Y después lo demás. En Sirāt vemos deambular linyeras mágicos/as, imperfectos/as e imprudentes, seres que parecen expulsados de la sociedad (“One of us”). Conmueve y atrae ese viaje con esas transiciones en la arena; por momentos es una película muy divertida. Eso es lo que descoloca después.

Aprendí que un trance en el desierto tiene altas probabilidades de convertirse en un mal trip. Así que conforme avanzaba la película, como si fuera un niño inocente me preguntaba por qué me habían impuesto esta crueldad, por qué había caído en esta increíble trampa en forma de sala de cine. Ese personaje de La naranja mecánica de Kubrick que le obligan a ver películas se la pasó mejor que yo.

Tres hombres, uno señalando
El director de Sirāt, Óliver Saxe. Crédito: Zima Entertainment

FICHA TÉCNICA DE SIRAT: TRANCE EN EL DESIERTO

Sinopsis: Un hombre y su hijo llegan a una rave en medio de las montañas. Buscan a su hija y hermana, desaparecida hace meses en una de esas fiestas sin amanecer.  Con poca esperanza, siguen a un grupo de ravers que van a una última fiesta en el desierto.  A medida que se adentran en la naturaleza, el viaje los obliga a enfrentarse a sus propios límites.

Año: 2025

Director: Oliver Laxe

Reparto: Sergi López, Brúno Nuñez, Stefania Gadda, Joshua Liam Henderson, Tonin Janvier, Jade Oukid, Richard Bellamy

Guión: Santiago Fillol and Oliver Laxe

País: Francia, España

Duración: 115 min.