Gracias, Bi Gan, por Resurrection. Es el tercer largometraje de tu carrera y esta vez nos llevaste a un recorrido histórico del cine, pero más allá de eso, esta parece haber sido una carta de amor hacia los espectadores y hacia el rito de asistir a una sala oscura frente a un rectángulo bañado en luz —esa misma luz que, como una vela, se consume para poder alumbrarnos.

 Bi, ¿quién está muriendo: el cine o el espectador?

Bi Gan emergió con Kaili Blues (2015) y demostró que era una promesa más allá de China, con el potencial de proponer nuevos lenguajes para una generación de amantes del cine. Tres años después nos sumergió en Long Day’s Journey Into Night (2018), con una exploración mucho más madura y con lo que parece ser parte de su identidad autoral: cerrar sus películas con un plano secuencia. Resurrection no es la excepción.

La humanidad ha alcanzado la inmortalidad; el secreto era simple: dejar de soñar. Errantes y mortales son aquellos seres que aún sueñan, conocidos como “Delirantes”; no están vivos ni muertos, sino en una especie de limbo dentro de este mundo. Deambulan con aspecto de gólem o de monstruo, y hay quienes deben ayudarles a morir: no quieren dejar de soñar, pero cargan dentro de sí un dispositivo que les permite almacenar sus sueños, una cinta de celuloide junto con el aparato para proyectarla.

El Delirante es una figura bazineana: un cuerpo que, incapaz de morir del todo, embalsama su tiempo en la cinta —la imagen como momia, ese impulso de vencer la muerte fijando una duración. Así es como una mujer (interpretada por Shu Qi) decide poner fin a un Delirante (interpretado por Jackson Yee).

La introducción de Resurrection nos sitúa en el nacimiento del espectáculo cinematográfico, con un sentido político hacia las dinastías chinas y el teatro de sombras —muy breve, un solo escenario—, un trayecto que rápidamente se transforma en la etapa silente, con texturas, luces y sombras expresionistas. Estaba naciendo el lenguaje cinematográfico: no era teatro filmado, no era literatura filmada; por primera vez, este recién nacido tenía un rostro. Este era el principio de una era en la que se estaba capturando el tiempo, y empezaba la ilusión: las imágenes en movimiento.

Pagoda en invierno, nieve hombre en la puerta
Crédito: Les Films du Losange

Un rito nació como espectáculo que, sin la elegancia de un escenario teatral, pretendía elevarse. La gente se cautivó tanto cuando pudo ver cómo estaba almacenada la vida en trozos de cinta: un tren llegando, personas saliendo de la fábrica, el registro de grandes ciudades… Después llegó la ficción y, de manera prematura, llegó el sonido; por fin existieron lugares formales para este ritual: las salas de cine.

Resurrection es una película que habla sobre su propio contexto y sobre la herencia que tenemos como humanidad. Cuatro sueños nos llevan por diferentes etapas y géneros del cine, con fuertes referencias al cine chino. La primera resurrección del sueño remite al contexto conflictivo de la guerra que atravesaba China en los años treinta, retratado como cine negro, con personajes que persiguen una verdad política y violenta: un detective de la vieja escuela persigue a un asesino que toca el theremin.

El segundo sueño resurge con una quietud maoísta: el monasterio abandonado —el periodo velado y censurado por el Estado, de declive espiritual— alberga un demonio que aguarda en el diente del saqueador; este es el espíritu que quedó sellado, y quienes lo liberen quedan condenados de manera mortal. Es el periodo de la historia del cine donde este se usó más como aparato político y que encerró cualquier atisbo sensible.

El tercer y el cuarto sueño vienen acompañados de un homenaje a la quinta y sexta generación, donde hay una imperiosa necesidad de volver a soñar, de retratar la urbe y las historias que puedan emerger de ella: atmósferas que estallan de color, movimientos frenéticos con barridos y el grano expuesto en la pantalla, la reinterpretación de historias que no fallan, vampiros viviendo el primer día de los 2000. Estas eran las historias que nos ligaban a las salas de cine, las ganas de estar en ellas.

Hombre sentado fumando fotografía roja
Crédito: Les Films du Losange

Cada sueño va acompañado de una pequeña viñeta de una vela consumiéndose, hasta llegar a este presente tan extraño, con un aparente dominio sobre las ciencias tecnológicas: el siglo en el que ya no deliramos. ¿Quién teme más a la muerte sino los inmortales? Y es que Resurrection es también la forma en que las historias mueren y vuelven a nacer cuando se proyectan, y continúan con este ciclo eternamente. ¿No somos delirantes nosotros al buscar una historia en una pantalla? Hoy el espectador tiene que buscar a las películas, porque las películas ya no llegan a él; es por eso que también el espectador se consume dentro de una sala. Aquella cera puede volver a moldearse y reencarnar, ¿no?

Ficha técnica de Resurrection

Título original: Kuang ye shi dai (狂野时代)
Título internacional:
Resurrection
Año:
2025
País:
China / Francia
Duración:
160 minutos
Dirección:
Bi Gan
Guion:
Bi Gan, Zhai Xiaohui
Fotografía:
Dong Jinsong
Montaje:
Bi Gan, Bai Xue
Diseño de producción:
Liu Qiang, Tu Nan
Sonido:
Li Danfeng
Reparto:
Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao, Li Gengxi, Huang Jue, Chen Yongzhong, Zhang Zhijian
Productoras:
Dangmai Films, Huace Pictures, CG Cinéma
Idioma:
mandarín
Estreno mundial:
Festival de Cannes, 2025
Premio:
Premio Especial del Jurado, Festival de Cannes 2025